Lo ha escrito Cecilio, el jefe.
Y de un revuelo, Jonatan se puso en pie, con tan mala suerte, que se tropezó y se hizo daño en el tobillo. Aún con el pie dolorido, Jonatan siguió a Jorge hasta el comedor, dónde desayunaron un poco de leche con tostadas y huevos revueltos.
Ya con los estómagos llenos, los dos amigos fueron caminando hasta el instituto. Sofía ya estaba allí.
-Ya me pensaba que no vendríais-
-Yo jamás me perdería unas colonias-
-Además, perderemos a nuestra familia de vista una semana entera, con su fin de semana y todo-
-Es agradable cambiar de hábitat. Uno ya no está a gusto desarrollándose durante trece años en el mismo lugar-
-Lo mejor es que vayamos entrando a clase. A ver si nos dejan aquí-
-¡Eso no lo digas ni en broma!
Todos los alumnos sin excepción fueron entrando en el instituto para comenzar las colonias. Sólo había dos personas que se habían quedado castigadas sin ir a las colonias. La gente estaba muy ilusionada. Los profesores se habrían paso entre la multitud contando los alumnos. Mientras esperaban que llegaran los demás, Jorge estaba perfeccionando uno de los múltiples programas informáticos que había creado. El autocar llegó. Todo el mundo iba entrando en el autocar. Al cabo de unos segundos llegó otro autocar. Los profesores iban repartiendo los alumnos en los autocares que iban llegando. Todo el mundo estaba emocionado. Jorge apagó su ordenador y se subió a un autocar, siguiendo a Jonatan y a Sofía. En el autocar había un pasillo estrecho por dónde circulaba la gente. Jorge tuvo que ir apartando a la gente para poder sentarse. Se sentó al lado de Sofía, ya que ella detestaba ir sola mientras los otros dos (chicos) iban juntos. Jonatan se sentó al otro lado de Jorge, más allá del estrecho pasillo. Fuera, las madres saludaban a sus hijos con la mano. La madre de Jorge estaba allí, como todas las demás, saludándole con la mano.
Todo el mundo se había sentado. Los profesores estaban revisando que no faltara nadie. Cuándo hubieron terminado, hicieron una señal al conductor y el autocar comenzó a temblar. Jorge tenía el corazón cómo un puño. Era la primera vez que iba de colonias, al igual que mucha otra gente.
-¡Qué bien, ya hemos arrancado!- Exclamó Jonatan con un grito ahogado. Mientras tanto, Jorge ya había vuelto a sacar su cartera y estaba encendiendo el ordenador.
-¿No te vas a marear con el ordenador encendido durante el trayecto?- preguntó una extrañada Sofía a Jorge.
-He configurado la pantalla para que no emita los pigmentos del color informáticos, o sea, los píxeles, de la manera ordinaria.
-¿Y cómo emite los píxeles tu ordenador ahora?-
-Los emite en una gama de color inferior.-
-¿Qué es una gama de color?-
-Es cómo una escala de intenso a menos intenso dentro de un mismo color.-
-Ah…-
El trayecto no resultó ser especialmente interesante. Sólo vomitó una persona, cinco mareos y muchas, muchísimas canciones propias de un autocar (con un conductor de aspiraciones suicidas) originadas por una “cassette”. Jorge estaba diseñando un nuevo programa informático, Jonatan miraba a través de la ventana absorto en sus pensamientos y Sofía releía por enésima vez el libro de “El Maltrato Infantil y la Discriminación de Sexo y Social”. En esto que el autocar emitió un sonido agudo y vibrante y comienza a salir humo del capó. Éste se aró con un sonido sordo y chirriante. Definitivamente, y para acabarlo de arreglar, el motor se paró.
El conductor del autocar se había bajado y los profesores le acompañaban. Algunos alumnos atrevidos se levantaron de sus asientos y escudriñaron a través de la ventana qué era lo que pasaba. Resultó ser que se había roto un fusible y lo tenían que cambiar. Todo esto pareció extrañar mucho a Jorge.
-¿Qué te pasa?- preguntó Sofía
-No entiendo- respondió Jorge frunciendo el entrecejo –Cómo un fusible puede sacar tanto humo-
-A lo mejor no sólo se ha roto un fusible- aventuró Sofía
-No creo que se le...-
-¿Qué te pasa?-
-Mira el supuesto fusible-
Jorge le señaló el fusible que tenía el conductor en las manos. Una lucecita intermitente de color rojo guiñaba alegremente.
-¿Qué se supone que es eso?-
Entonces, en aquel momento, entró el profesor de matemáticas y les dijo a sus alumnos:
-Niños, el conductor del autocar se irá a buscar recambio para reparar el vehículo a la gasolinera más cercana, que está a seiscientos metros-
-Vamos a investigar un poco, esto me huele a chamusquina- Dijo Jorge
Le hizo una seña a Jonatan y los tres amigos salieron del autocar, con la excusa de que necesitaban tomar un poco el aire. Una vez fuera, Jorge fue caminando hasta la capota del vehículo, que estaba abierta, y echó un vistazo. Jonatan miraba impaciente a Jorge, y mientras tanto, Sofía los miraba con el entrecejo fruncido. Al final, Jorge exclamó:
-¡Ya lo tengo!
-¿Qué es lo que tienes?- preguntó Jonatan
-Ya se qué ha pasado-
-¿Y qué ha pasado?-
-Bueno, yo he llegado a la teoría de que el conductor ha activado un mecanismo (está allí, junto a esos tubos) por el cual sale humo. Así simuló que había una avería y salió a echar un vistazo. Tenía en la mano ese fusible parpadeante y ha colocado otro, sin darse cuenta de que ha colocado el bueno, en vez del otro, y...-
-¿Y qué era el otro fusible?- le interrumpió Jonatan
-Una bomba-
-¿Una bomba?- repitieron al unísono Sofía y Jonatan
-Exacto. Calculo que faltarán unos cinco minutos para que estalle-
-Eso significa, si estás en lo cierto...-
-Lo estoy-
-Que la gasolinera...-
-Estallará en mil pedazos- Terminó Sofía
-Eso quiere decir que probablemente muramos, ¿no?-
-No, la explosión no será tan fuerte-
-Pero chicos, ¿cómo podéis pensar que alguien quiera hacer estallar toda esta zona? Francamente...-
¡BOOUUUUM!
La gasolinera saltó por los aires. El flequillo se les levantó a causa del aire, y tuvieron que taparse la cara y meterse en el autocar para evitar que cientos de trozos de piedra y metal les dieran en el rostro. Acto seguido, una luz cegadora se tragó por completo todo el pueblo. En el autocar, los profesores miraban si se había roto algún cristal, exasperados. Muchos chicos comenzaron a gritar histéricos, y Jonatan exclamó:
-¡LA MADRE QUE...!-
-¡DIOS MIO!-
Jorge miraba atónito la escena. No sabía que hacer. Miraba sin ver dónde antes se alzaba la gasolinera.

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